2 de agosto de 2009


Yoga=Idolatría=Ocultismo

Como en multitud de publicaciones el yoga es presentado como si fuera ciencia, la gente acepta su terminología sin investigar el verdadero significado de esos términos. Los libros de yoga suelen ser colocados en las secciones de “salud” y “ejercicios físicos”, en circunstancias que deberían ser colocados bajo “religión”.

La palabra yoga literalmente quiere decir “enyugar” o “atar”. La meta del yoga es poner en blanco la mente, detener todo movimiento del cuerpo, interrumpir toda sensación del mundo físico y de esa manera obtener la unión con Brahma en un estado de anonadamiento. Las diferentes prácticas yogas están diseñadas para inducir a un trance o estado de insensibilidad que supuestamente lleva a la persona hacia una unión con Brahma.

Las posiciones básicas en el yoga son llamadas asanas. Los ejercicios respiratorios tienen un papel importante en el yoga. La buena respiración se llama pranayama. El propósito de las asanas y las pranayamas es facilitar el fluir del prana.
Y ¿qué es el prana?

En la mayoría de los textos de yoga se le describe como la “energía vital” que debe fluir a través del cuerpo. Esta “energía vital” en realidad se refiere a un espíritu. Veamos algo tomado de un libro de texto sobre yoga y analicemos lo que en verdad significa.

“El propósito final de las asanas y las pranayamas es purificar el nadis o conductos nerviosos para que el prana pueda fluir libremente por ellos, y preparar el cuerpo para el surgimiento del kundalini, la suprema energía física, que lleva al yogi a un estado de conciencia de Dios”.


La cobra, una posición yoga común. "Mediante la práctica de esta posición la diosa serpiente (la fuerza kundalini) despierta"







El loto, posición yoga que simboliza la “evolución espiritual” del hombre. Esta posición ayuda el fluir del prana, y ayuda a “aclarar la mente” en la meditación.







Surya Namaskar, también llamada "Salutación al sol". Serie de posiciones usadas en occidente para "entrar en calor" en los ejercicios de yoga. Cada posición es una postura de adoración al dios sol (llamado Baal en la Biblia). Tradicionalmente se practica al amanecer, de frente al sol naciente.







¿Comprende usted lo que eso quiere decir? Dice que las diferentes posiciones y respiraciones preparan el cuerpo para que el dios llamado Kundalini pueda penetrar en el cuerpo y fluir por él. El yoga es precisamente para abrir al practicante a la entrada del ocultismo.


Las mantras se practican directamente en la adoración de los dioses, así como en el yoga y cualquier otra forma de meditación. (La meditación trascendental y el Zen se han vuelto muy populares. Esta misma técnica se usa en las clases de auto superación y control mental de la Nueva Era y el budismo).

Una mantra es la rápida repetición de una serie de palabras o sonidos. Tiene dos propósitos: El primero es producir un estado místico que en realidad es un trance en el que la mente queda en blanco. Esto es a su vez sitúa a la persona en contacto directo con el mundo espiritual. Segundo, la mantra supuestamente “personifica” a un ser espiritual. Al decirse las palabras, los seres cobran existencia y entran a la persona valiéndose de la mantra. La mantra es una puerta directa en la persona para que le entren espíritus.

Lo peligroso es que estos conceptos hindúes básicos han sido recubiertos de terminología occidental y hasta cristiana. Trágicamente estas enseñanzas se han puesto en boga en los jardines infantiles, en colegios y empresas. La medicina en particular ha sido completamente invadida de prácticas hindúes que se enseñan como “ciencia”. El yoga, la biorreacción (biofeedback), el control de las ondas cerebrales alfa, la homeopatía, la acupuntura, la medicina holística, todo basado en prácticas hindúes y ofrecidas al público como científicas. Lo vemos hasta en la oncología: en los hospitales y sanatorios se enseña a los enfermos de cáncer la respiración terminal y varias técnicas de relajamiento. La meta es enseñar al paciente a ir disminuyendo el ritmo respiratorio hasta el punto de dejar de respirar, con lo que se acelera la muerte. No lo olvide: la meta del yoga es la muerte física.

La Palabra de Dios es clara y precisa; advierte que hay un mundo espiritual desconocido para muchos; Jesús muchas veces se enfrentó con estos espíritus inmundos metidos en las personas, hasta una legión de espíritus (1 legión equivale a un ejercito de 5000 a 6000 hombres) en el caso del gadareno endemoniado que Jesús sanó.

Es mejor asegurarse bien, lo cierto es que Jesús fue muy claro, y que lo único que te trae paz a tu corazón es el mismo Jesús, no la paz que conoce el mundo sino la paz que él trae. Lo único que hacen estas prácticas es alejarte más y más de la luz verdadera y acercarte más y más a un mundo espiritual desconocido. La Palabra de Dios prohíbe estrictamente consultar o conectarse a los espíritus, adorar a dioses paganos o a los astros; esto traerá en definitiva más vacíos al alma, más vidas llenas de temor, más enfermedades hasta la tercera y cuarta generación de los que no obedecen lo que Dios estableció. Es una elección, o nos dejamos guiar por lo que dice el mundo del yoga, o nos dejamos cautivar por la verdad de la palabra de Dios.

Nada traerá más bien que buscar a Dios en Su palabra, en oración y en obediencia.

«Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte» Proverbios 16:25


«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» Mateo 11:28


«Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo» Colosenses 2:8

22 de julio de 2009


¡No es justo!

Cuando en nuestras conversaciones está continuamente presente la frase “No es justo”, eso indica dos cosas: que todavía no hemos aprendido el camino del Señor y que aún no andamos en victoria. ¿Con qué frecuencia decimos “no es justo”?

¡No es justo!


• ¡Yo merezco de la vida algo mejor!
• Odio mi empleo… otros tienen mejores empleos. Trabajan menos y les pagan más. ¡No es justo!
• ¿Por qué tengo yo siempre que escatimar cada centavo, cuando a otros les sobra el dinero? ¡No es justo!
• Yo me vi privado de una niñez feliz. ¿Por qué lo permitió Dios? ¡No es justo! ¡Dios no es justo!
• ¡Yo no ando bien vestida como mis hermanas! ¡No es justo!
• Soy demasiado alto, demasiado bajo, demasiado gordo, demasiado flaco. Tengo una piel horrible, y así tengo el pelo, los ojos, etc. Mi nariz es demasiado grande. ¿Por qué no tengo una apariencia diferente? ¡No es justo!
• Yo estaba en lo correcto y aquel otro estaba equivocado. A él lo elogiaron y a mí me humillaron. No hay justicia. ¡No es justo!
• Yo sentí que el Señor me mostraba algo. Yo fui sincero pero luego todo salió mal. Dios dejó que yo me equivocara. ¡No es justo! Dios no es justo. Si de eso se trata… yo renuncio.
• ¿Por qué permite Dios que esta situación continúe, cuando yo sé que Él la puede cambiar? ¡Él no es justo!
• Dios no me dio un matrimonio feliz. Me defraudó. Dios me falló. ¡Dios no es justo!
• ¿Por qué tiene Dios favoritos? No es justo.
• ¡Dios no se preocupa lo suficiente! Dios no es justo.
• A mí me tocó la peor parte de la vida. ¡No es justo, Dios no es justo!
• Yo merezco algo mejor; yo merezco: mejor salud, mejor empleo, mejor casa, mejor cónyuge, mejores condiciones, más felicidad, más justicia, más aprobación, más reconocimiento, más dinero.

¡La verdad es que ni siquiera merecemos lo que tenemos!

Debemos comprender lo siguiente:

Que la frase “¡No es justo!” es realmente un ataque contra el Señor, Proveedor y Pastor de nuestras almas. Es en realidad decir: “Dios no ha sido justo pues no ha cuidado bien de mí. Él es insensible a mis necesidades, es duro y despreocupado. Dios es parcial y tiene favoritos. Dios es bueno con unos y despreciativo con otros. Dios es irresponsable”.


Estas quejas revelan problemas del corazón que no han sido tratados, y que muestran que no estamos viendo la vida desde una perspectiva bíblica. Cuando un cristiano se lamenta continuamente de injusticias, ¡Demuestra que no anda en victoria! Es precisamente por causa de estas quejas que no hemos recibido el favor de Dios. Números 11:1. Dios quiere perfeccionar en nosotros un excelente espíritu de agradecimiento.


El quejarse revela lo siguiente:

1.- Que no se tiene gratitud:

En lugar de dar gracias a Dios por el gran número de cosas buenas, el quejumbroso se concentra solamente en aquello que todavía desea. Cierta vez me dijo una mujer: “Dios me ha fallado. No me ha dado un matrimonio feliz”. ¡Cuán grave es expresarse así de Dios! Reflexionando sobre la afirmación de ella, veo que tenía seis niños bellos, comida abundante sobre la mesa, todos sus hijos gozaban de buena salud, y tenía la esperanza de la vida eterna…así como diez mil otras bendiciones.

Las Escrituras dicen: “Cada día nos colma de beneficios” Salmo 68:19 y “Sus misericordias son nuevas cada mañana” Lamentaciones 3:22-23. Aparte de todas sus bendiciones, Dios no nos dio el castigo que merecíamos. Salmo 103:10. La queja es una actitud que indica que Dios me debe algo; que no me ha tratado con justicia. El hombre se olvida de todo lo que le debe a Dios. La queja demuestra hasta donde llega la ingratitud del hombre.

2- Que nos falta contentamiento:

El gozo es el resultado de estar plenamente satisfechos con la presencia de Dios, no con las abundantes bendiciones materiales. David había encontrado “plenitud de gozo” en la presencia de Dios. Salmo 16:11. ¿Podemos nosotros ser felices con Jesús solamente? ¿O están nuestros corazones fuertemente apegados a las cosas terrenales- una linda casa, ropa de moda, éxito? ¿Tiene usted el corazón extremadamente ligado al amor humano? Una de las mayores causas de la tristeza es el problema de este tipo de amor. Muchas veces se trata de idolatría. Cuando se rinde culto al amor humano, ello no produce ningún gozo porque el “ídolo” no tiene vida. Pablo aprendió a contentarse en cualquier situación que Dios le presentara. Filipenses 4:11. David dijo: “Delicias a tu lado para siempre”. Salmo 16:11. Si dejáramos que Dios nos menguara hasta el Salmo 27:4, encontraríamos el mismo contentamiento y plenitud que David y Pablo descubrieron.

3- Que nos estamos comparando con los demás:

Dios nos indica no hacer comparaciones. 2ª Corintios 10:12. Cada vez que hacemos lo que Dios dice que no hagamos, estamos en problemas. Si dejáramos de compararnos con los demás, nos evitaríamos mucho dolor. “El hacer comparaciones” es una falta grave en el hombre. Al ver a los demás, suponemos que debemos tener lo que ellos tienen. Cuando no podemos tener lo que es ajeno, lo llamamos “injusticia” y nos enojamos. Pero quizás el poseer los bienes que otros tienen nos perjudicaría. Quizás hasta sería nuestra ruina. La única persona con quien debemos compararnos es con Aquel que es la principal piedra del ángulo, el Señor Jesucristo.

4- Que estamos criticando a Dios y a su sabiduría:

Tanto los redimidos como los no redimidos critican a Dios. El hombre se queja constantemente de la forma en que Dios lo ha diseñado, lo ha guiado, lo ha dotado y ha permitido que sucedan las circunstancias en su vida. Los israelitas fueron muy culpables de esto y, en consecuencia, no encontraron el favor de Dios. Hebreos 3:7-11. ¡Ellos no tuvieron parte en los planes que Dios había trazado para sus vidas! Cuando apuramos a Dios, lo estamos criticando (“Señor, como te demoras”) Es insensato criticar a Dios por la forma en que nos diseñó. Isaías 45:9. Dios nos hizo exactamente como somos, con un propósito (ver Salmo 139). Dios usa los defectos físicos para desarrollar una gracia especial y un mensaje especial en nuestras vidas. Dios puede quitar un problema cuando éste no le sirve más para cumplir un propósito divino.

5- Que no estamos viendo la vida desde la perspectiva de Dios:

Nos quejamos cuando no entendemos sus caminos. El quejarse continuamente de injusticias pone de manifiesto que no entendemos los caminos de Dios. Cuando sí los entendemos, apreciamos la verdad de que la adversidad está obrando para nuestro bien. El problema es la total carencia de un espíritu de siervo. 2ª Corintios 4:17; Génesis 45:4-8; 50:20. José pudo ver hacia atrás a todas las injusticias de su vida y decir… “Dios lo hizo para bien”. Las injusticias llevaron a José hasta el trono.

6- Que ponemos en segundo lugar el ser conformados a la imagen de Cristo:

El hombre que tenga como meta ser conformado a la imagen de Cristo tiene una sabiduría dada por Dios. Este hombre discierne la mano oculta de Dios en las dificultades y fastidios de la vida. Él entiende que Dios tiene un propósito para todo. Por lo tanto, en lugar de quejarse de los problemas, él los agradece. 1ª Tesalonicenses 5:18. Por otro lado, las personas que no han hecho un compromiso y que andan a la búsqueda de una vida fácil, constantemente se quejan de sus circunstancias. No pueden ver que de la adversidad puede resultar algún beneficio.

7- Que nuestros pozos están obstruidos:

El quejarse es un ataque contra Dios. El quejarse diminuye toda nuestra fe y todo nuestro gozo. El quejarse significa que no estamos agradecidos y que no hay un cántico para el Señor en nuestros corazones. La incredulidad y la queja están ligadas la una y la otra. La queja es algo que Dios aborrece. Números 11:1.

24 de junio de 2009


La Cohabitación, amor que lleva a muerte.

Por Kerby Anderson

“La cohabitación está reemplazando al matrimonio como la primera experiencia de convivencia para hombres y mujeres jóvenes. Y las personas que viven juntas antes de casarse ponen en peligro su casamiento futuro”. Estas son algunas de las conclusiones de los sociólogos David Popenoe y Barbara Dafoe Whitehead en su estudio para el Proyecto Nacional de Matrimonio.

En este artículo vamos a tratar este fenómeno social de la cohabitación. Solía denominarse “vivir en pecado” o “juntarse”. Hoy se ha reemplazado por los términos más neutrales “convivir” o “cohabitar”. Voy a emplear, para este artículo, el término “cohabitación”, puesto que es la palabra generalmente aceptada en la sociedad y la ley. La cohabitación ha sido descrita como “dos personas no relacionadas, de sexos opuestos, que comparten una vivienda en una relación sexualmente íntima sin aprobación legal o religiosa”.

La cohabitación, como estilo de vida, está en aumento. Considere el significante crecimiento de las tasas de cohabitación en las últimas décadas. En 1960 y 1970, alrededor de medio millón de personas convivían. Pero para 1980 el número ya era de 1,5 millones. Para 1990, la cifra era de casi 3 millones. Y, para 2000, la cifra era de casi 5 millones de personas.

Unos investigadores calculan que hoy en día hasta el 50% de estadounidenses cohabitan en alguno que otro momento antes de casarse. El estereotipo de dos jóvenes sin hijos que viven juntos no es del todo correcto; actualmente, alrededor del 40% de las parejas que cohabitan incluyen niños.


Estados Unidos parece estar cambiando su actitud acerca de la cohabitación. George Barna ha informado que 60% de los estadounidenses creían que la mejor manera de establecer un matrimonio exitoso era cohabitando antes de casarse. Otra encuesta halló que dos tercios (66%) de muchachos del cuarto año de la secundaria estaba de acuerdo o casi de acuerdo con la siguiente afirmación: “por lo general, es bueno que una pareja conviva antes de casarse para averiguar si realmente se lleva bien”.

La cohabitación no es lo mismo que el matrimonio.
No es reconocida como matrimonio por el estado. Y los participantes viven juntos porque su propósito es no casarse, al menos por el momento.

Aunque algunos dirán que una pareja que cohabita “está casada a los ojos de Dios”, eso no es cierto. No están casados a los ojos de Dios porque está viviendo en contra de los preceptos bíblicos referentes al matrimonio. Y no están casados a sus propios ojos porque han decidido específicamente no casarse.

La cohabitación está cambiando, sin duda, el paisaje cultural de nuestra sociedad. La proporción de primeros matrimonios precedidos por cohabitación se ha multiplicado por diez en las últimas décadas. Y el creciente número de parejas que cohabitan transmite un mensaje contradictorio a nuestros niños. Por una parte, escuchan a los padres y a los pastores proclamar el valor del matrimonio. Y, por otra parte, ven una sociedad que tolera la cohabitación.

La Cohabitación Y Las Relaciones De Prueba

“Pienso que deberíamos vivir juntos antes de casarnos para ver si somos compatibles”.
¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Sin embargo, muchas de las suposiciones actuales sobre la convivencia son incorrectas.


Linda Waite y Maggie Gallagher escribieron conjuntamente The Case for Marriage: Why Married People Are Happier, Healthier and Better Off Financially [El caso a favor del matrimonio: Por qué las personas casadas son más felices, más saludables y están mejor económicamente] El libro no sólo defiende la causa del matrimonio sino cuestiona también suposiciones actuales acerca de la cohabitación.

La tesis del libro es simple. Allá por los ‘50, las reglas eran claras: primero el amor, luego el matrimonio, y sólo entonces el cochecito de bebé. Pero el “tsunami” social que arrasó los ’60 cambió todo. La píldora, la revolución sexual, el orgullo gay, el feminismo, las madres en el trabajo, el divorcio sin culpa y el aumento de nacimientos ilegítimos cambiaron nuestras opiniones acerca del matrimonio y la familia. Los autores presentan las evidencias para demostrar que el matrimonio es algo bueno. Como dice el subtítulo del libro, las personas casadas son más felices, tienen mejor salud y están mejor económicamente.

No obstante, la sabiduría convencional sugiere que uno debe “probar antes de comprar”. De hecho, una de las preguntas que se suelen repetir para justificar la convivencia es: “Usted no compraría un automóvil sin probarlo antes, ¿no?”. El problema de este tipo de preguntas y frases hechas es que deshumanizan a la otra persona. Si decido no comprar un automóvil (o un par de zapatos, o cualquier otro objeto inanimado), el automóvil no se siente rechazado. Cuando uno prueba un automóvil, no pone su equipaje personal en el baúl. Y, cuando uno rechaza un modelo de automóvil no crea un equipaje emocional que arrastra a la siguiente prueba de automóvil. El automóvil no necesita asesoramiento psicológico para que pueda confiar en el siguiente comprador de automóviles. Francamente, probar una relación como se prueba un automóvil sólo es positivo si usted es el conductor.

La investigación ha mostrado que la gente que cohabita tiende a ver el matrimonio de forma negativa porque involucra asumir nuevas responsabilidades que contrastan con sus antiguas libertades. Por otra parte, las personas que se casan después del camino convencional del noviazgo no se sienten constreñidos por el matrimonio, sino liberados por él.
Considere el contraste. Una pareja que cohabita tiene casi todo lo que ofrece el matrimonio (incluyendo el sexo), pero pocas obligaciones y responsabilidades. Por eso, las personas que cohabitan se sienten atrapadas cuando entran al matrimonio. Deben asumir grandes responsabilidades nuevas pero no reciben nada que no tenían antes. Las parejas que se casan después del noviazgo experimentan justo lo contrario, especialmente si mantienen su pureza sexual. El matrimonio es la culminación de su relación y ofrece la plena profundidad de una relación que han anhelado por mucho tiempo.

Esto no quiere decir que la cohabitación garantice un fracaso matrimonial, ni tampoco que el matrimonio a través de la ruta convencional garantice el éxito matrimonial. Existen excepciones a esta regla, pero una pareja que cohabita antes del matrimonio está apostando contra ellos y su futuro matrimonio.

La Cohabitación Y Las Percepciones
Si usted cohabita antes de casarse, está poniendo en peligro su futuro matrimonio. Esta es la conclusión de un informe reciente sobre la cohabitación. Las 5 millones de parejas que cohabitan en Estados Unidos viven juntas para ahorrar dinero, para probar la vida casada o para evitar la soledad. Pero la práctica puede causar un daño significativo al matrimonio.
Los sociólogos David Popenoe y Barbara Dafoe Whitehead publicaron su estudio a través del Proyecto Nacional de Matrimonio de la Universidad de Rutgers. Su estudio confirma unos estudios previos acerca del peligro de la cohabitación y agrega detalles adicionales.

Hallaron que la cohabitación parece ser tan contraproducente para un matrimonio duradero que las parejas no casadas deben evitar vivir juntas, especialmente si hay hijos. Sostienen que la cohabitación es “una estructura familiar frágil” que plantea un mayor riesgo para mujeres y la razón para el peligro es la diferencia de percepción.

Parte general, los hombres entran a la relación con menos intención de casarse que las mujeres. La consideran más como una oportunidad sexual sin los lazos de un compromiso de larga duración. Sin embargo, las mujeres suelen ver el arreglo de vivienda como un paso hacia un matrimonio final. Así que, mientras las mujeres podrán creer que van hacia el matrimonio, los hombres tienen otras ideas. Algunos hombres, en realidad, desprecian a las mujeres con quienes viven y las consideran como fáciles. Una mujer así no es su idea de un cónyuge fiel.

Las personas que viven juntas en relaciones sin compromiso probablemente no estén dispuestas a resolver problemas. Como no hay compromiso a largo plazo, es fácil dejar el acuerdo de vivienda en vigor y buscar relaciones menos díscolas con una nueva pareja.


La multiplicación por diez de la cohabitación en las últimas décadas es pasmosa. Y las razones de este crecimiento son muchas: menos tabúes contra el sexo prematrimonial, madurez sexual más avanzada, casamientos más tardíos, ingresos adecuados para vivir aparte de sus familias.
Independientemente de las razones para la cohabitación, este estudio documenta los peligros. Las parejas que conviven tienen mayores probabilidades de divorciarse que las que no lo hacen. Son menos felices y tienen un menor puntaje en los índices de bienestar, incluyendo la satisfacción sexual. Y las parejas que cohabitan a menudo son más pobres que las parejas casadas.

Aunque millones de personas lo hagan, cohabitar es una mala idea. Como veremos más adelante, hay claras prohibiciones bíblicas en contra del sexo prematrimonial. Pero, aparte de estas declaraciones bíblicas, hay predicciones sociológicas ominosas de fracaso cuando una pareja piensa cohabitar en lugar de casarse. Las investigaciones más recientes apoyan lo que la Biblia ha dicho por milenios. Si usted quiere un buen matrimonio, no haga lo que dice la sociedad. Haga lo que la Biblia enseña que hagamos.

Las Consecuencias De La Cohabitación
Al contrario de la sabiduría convencional, la cohabitación puede resultar dañina para el matrimonio así como para las parejas y sus hijos. Un estudio basado en la Encuesta Nacional de Familias y Hogares halló que matrimonios que tuvieron una cohabitación previa tenían una probabilidad de hasta 46% mayor de divorciarse que los que no habían cohabitado. En base de esta encuesta y un estudio de estudios anteriores, los autores concluyeron que el riesgo de que se rompa el matrimonio luego de una cohabitación “está comenzando a asumir la condición de una generalización empírica”.

Algunos han intentado sostener que la correlación entre la cohabitación y el divorcio es artificial, porque las personas dispuestas a cohabitar son poco convencionales y están menos dedicadas al matrimonio. En otras palabras, la cohabitación no produce el divorcio sino que está asociada con él simplemente porque la misma clase de gente está involucrada en ambos fenómenos. Sin embargo, aun cuando se controla cuidadosamente en la estadística este “efecto de selección”, sigue habiendo un “efecto de cohabitación”.

Los matrimonios se mantienen unidos por un compromiso mutuo que no se encuentra en la mayoría (o en ninguna) de las relaciones de cohabitación. Los integrantes de las parejas que conviven valoran la autonomía por sobre el compromiso y tienden a estar menos comprometidas que las parejas casadas con la continuación de su relación.

Un estudio halló que “convivir con una pareja romántica antes de casarse está asociado con un apoyo y un comportamiento más negativos y menos positivos en la solución de problemas durante el matrimonio”. La razón es simple. Como hay menos seguridad de un compromiso de larga duración, “puede haber menos motivación para parejas que cohabitan para desarrollar sus habilidades para resolver conflictos y de apoyo”.

Las parejas que conviven, sin embargo, pierden más que sólo los beneficios del matrimonio. Las tasas anuales de depresión entre parejas que conviven son más de 3 veces las de las parejas casadas. Las personas que cohabitan tienen una mayor probabilidad de ser infelices en el matrimonio y una mucha mayor probabilidad de considerar el divorcio.

Las mujeres que están en relaciones de cohabitación tienen el doble de probabilidad de sufrir abuso físico o sexual que las mujeres casadas. Otro estudio encontró que las mujeres en relaciones de cohabitación tienen una probabilidad nueve veces mayor de ser muertas por su compañero que las mujeres de relaciones matrimoniales.

La cohabitación es especialmente dañina para los hijos. En primer lugar, algunos estudios han hallado que los niños que viven con una madre y su pareja no casada tienen significativamente más problemas de comportamiento y un desempeño académico menor que los niños de familias intactas. En segundo lugar, existe el riesgo de que la pareja se separe, creando todavía más dificultades sociales y personales. En tercer lugar, muchos de estos niños no nacieron de la relación actual, sino de una unión previa de uno de los adultos de la pareja, generalmente la madre. Vivir en una casa con una madre y un novio es una situación endeble, en el mejor de los casos. Las demandas legales de sostén para los hijos y otras fuentes de ingresos familiares están ausentes.

La Cohabitación Y La Biblia
Hasta ahora, hemos hablado de las consecuencias sociales y psicológicas de la cohabitación. Busquemos ahora una perspectiva bíblica.

La Biblia enseña que las relaciones sexuales pueden tener un efecto de vinculación muy fuerte en dos personas. Cuando ocurre dentro del matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en una sola carne. Efesios 5:31. Pero las relaciones sexuales fuera del matrimonio también tienen consecuencias. Al escribir a la iglesia de Corinto, el apóstol Pablo dijo que el hombre que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella. 1ª Corintios 6:16.

El contexto de la discusión surgió de un problema dentro de la iglesia. Un hombre de la iglesia tenía relaciones sexuales con la esposa de su padre. 1ª Corintios 5:1-3. Pablo dice que esta relación es inmoral. Ante todo, era incestuosa, lo cual estaba condenado por el Antiguo Testamento. Levítico 18:8; Deuteronomio 22:30. En segundo lugar, no había ninguna unión matrimonial, sino un ejemplo de cohabitación. Pablo nos aconseja huir de la inmoralidad sexual. 1ª Corintios 6:18.

La inmoralidad sexual se condena en más de 25 versículos del Nuevo Testamento. El término en griego es porneia, una palabra que abarca todas las formas de relaciones sexuales ilícitas. Jesús enseñó que «de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona» Marcos 7:21-23.

Pablo dijo que “la voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios”. 1ª Tesalonicenses 4:3-5.

El matrimonio es el plan de Dios. Ofrece una compañía íntima de por vida. Génesis 2:18. Provee un contexto para la procreación y la crianza de los hijos. Efesios 6:1-2. Y por último, el matrimonio brinda una expresión dada por Dios del deseo sexual. 1ª Corintios 7:2.
En el Nuevo Testamento, se advierte a los creyentes contra el pecado habitual, que incluye el pecado sexual. 1ª Corintios 5:1-5. La iglesia tiene que hacer que los creyentes se hagan responsables de su conducta. Los creyentes deben juzgarse ellos mismos para no caer en las manos de Dios. 1ª Corintios 11:31-32. El pecado sexual no debería mencionarse siquiera entre creyentes. Efesios 5:3.

Convivir fuera del matrimonio no solamente viola preceptos bíblicos, sino que expone a la pareja y su futuro matrimonio al riesgo. En este artículo, he reunido varias estadísticas que hacen reflexionar acerca del impacto que puede tener la cohabitación en usted y en su relación. Si quiere tener un buen matrimonio, no haga lo que dice la sociedad; haga lo que nos enseña que hagamos la Biblia.

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