12 de abril de 2010


El Verdadero Arrepentimiento

¿Qué es lo que Jesús pide al Mundo? El arrepentirnos es lo más esencial de Su mensaje. Es igualmente esencial, y casi sinónimo del mandato «Os es necesario nacer de nuevo» Juan 3:7. Entendamos que el arrepentimiento, en el mensaje de Jesús, no se trata de un cambio en el comportamiento, sino de un cambio interno que da lugar a un nuevo comportamiento centrado en Dios y exaltador de Cristo.
Aclarando el significado del arrepentimiento.

«Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.» Mateo 4:17.

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.» Lucas 5:32.

«Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.» Mateo 12:41.

«Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» Lucas 13:3, 5.
El primer pedido del ministerio público de Jesús fue, “Arrepentíos.” El dio este mandato indiscriminadamente a todos los oyentes. Es un llamado a un cambio interior radical hacia Dios y el hombre. Dos cosas nos muestran que el arrepentimiento es un cambio interno de la mente y del corazón, más que el simple dolor por el pecado o el simple perfeccionamiento del comportamiento. Antes que nada, el significado de la palabra griega (metanoeo), en español “arrepentíos”, apunta en esta dirección. Está formada de dos partes: meta y noeo. La segunda parte (noeo) se refiere a la mente y sus pensamientos, percepciones, disposiciones y propósitos. La primera parte (meta) es un prefijo que generalmente significa movimiento o cambio. Así, el significado básico del arrepentimiento es el experimentar un cambio de las percepciones, disposiciones y propósitos de la mente.

Otro factor que apunta a este significado de arrepentimiento es la forma en que Lucas 3:8 describe la relación entre el arrepentimiento y el nuevo comportamiento. Dice así: «Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.» Y luego da algunos ejemplos de los frutos: «Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.» Lucas 3:11. Esto significa que el arrepentimiento es lo que sucede dentro de nosotros que da fruto a un nuevo comportamiento. El arrepentimiento no son los nuevos actos, sino el cambio interno que da como fruto actos nuevos. Jesús pide que vivamos este cambio interno.

¿Por qué? Su respuesta es que somos pecadores. «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.» Lucas 5:32. En la parábola del hijo pródigo, Jesús describe el pecado del hijo así: «y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente… [y] consumiendo [sus bienes] con prostitutas» Lucas 15:13, 30. Pero cuando el hijo pródigo se arrepiente dice: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No soy digno de ser llamado tu hijo.» Es decir que desperdiciar la vida viviéndola perdidamente y con prostitutas no solo lastima a los humanos; también es una ofensa contra el cielo—es decir, contra Dios. Esta es la naturaleza esencial del pecado. Es una agresión a Dios.

Vemos esto de nuevo en la forma en que Jesús enseñó a sus discípulos a orar. Les dijo que oren así: «Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden» Lucas 11:4. En otras palabras, los pecados que Dios perdona se comparan con los que otras personas cometen contra nosotros, y éstos se llaman deudas. Así, Jesús veía el pecado como algo que deshonra a Dios y nos pone en deuda para restaurar el honor divino que hemos difamado con nuestro comportamiento o actitudes, desvalorando a Dios. Esta deuda es pagada por el mismo Jesús. «El hijo del hombre vino. . . para dar su vida en rescate por muchos.» Marcos 10:45. Pero para que podamos disfrutar de este regalo debemos arrepentirnos.

Arrepentirse significa experimentar un cambio de mente que nos haga ver a Dios como verdadero y hermoso, y digno de toda nuestra alabanza y obediencia. Este cambio de mente abarca igualmente a Jesús. Sabemos esto porque Jesús dijo, “Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais, porque yo vengo de Dios.” Ver a Dios con una nueva mentalidad incluye ver a Jesús con una nueva mentalidad.

Nadie está excluido del pedido que Jesús hace de arrepentirse. Gente inocente había muerto en la masacre de Pilatos y en la caída de la torre de Siloé (Lucas 13:1-4). Jesús aprovechó la ocasión para advertir a quienes traían la noticia: «Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» Lucas 13:5. No pienses que las calamidades significan que algunas personas son pecadoras y necesitan arrepentirse y otras no. Todos necesitan arrepentimiento. Al igual que todos necesitan nacer de nuevo porque «Lo que es nacido de la carne, carne es.» Juan 3:6. Todos deben arrepentirse porque todos son pecadores.

Cuando Jesús dijo, «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» (Lucas 5:32), no quiso decir que algunas personas son tan buenas que no necesitan arrepentirse. Quiso decir que algunas personas piensan que lo son (Lucas 18:9), y otros ya se han arrepentido y han aclarado las cosas con Dios. Por ejemplo, el deseo del joven rico “por justificarse” (Lucas 10:29) mientras “el cobrador de impuestos. . . se golpea el pecho, diciendo, ‘Dios, ten piedad de mi, soy pecador’ [y] se fue a su casa justificado [por Dios]” (Lucas 18:13-14).

Así, nadie está excluido. Todos necesitamos arrepentirnos. Y la necesidad es urgente. Jesús dijo, “Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” ¿Qué quiso decir con pereceréis? Quiso decir que el juicio final de Dios caerá sobre aquellos que no se arrepientan. «Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar» Mateo 12:41. Jesús, el Hijo de Dios, está advirtiendo a la gente sobre el juicio que vendrá, y ofrece liberarnos de él si nos arrepentimos. De lo contrario, Jesús tiene tres palabras para nosotros, “¡Ay de ti…!” (Mateo 11:21).

Es por esto que su pedido de arrepentimiento es parte del mensaje central que dice que el Reino de Dios está cerca. «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.» Marcos 1:15. El Evangelio—la buena nueva—es que la ley de Dios ha llegado en Jesús para salvar a los pecadores antes de su segunda venida en el día del juicio. De manera que el pedido de arrepentirnos se basa en la oferta de la gracia para perdonar, y en la advertencia de que un día, aquellos que rechazan la oferta perecerán en el juicio de Dios.

Después de resucitar de entre los muertos, Jesús se aseguró de que sus apóstoles continuaran con su llamado al arrepentimiento en todo el mundo.

«Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día, y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén» Lucas 24:46-47.

De manera que el pedido de Jesús de arrepentirnos llega a todas las naciones. Llega a nosotros, quienquiera que seamos, y donde quiera que estemos, y nos reclama. Este es el pedido de Jesús para todas las almas: arrepentíos. Tengan un cambio interno profundo. Remplacen todas las percepciones, disposiciones y propósitos que deshonran a Dios, que subestiman a Cristo, por unas que atesoren a Dios y exalten a Cristo.

Documento original: John Piper

2 de marzo de 2010


Un terremoto al corazón

Nuestro país ha caído bajo la impresionante calamidad de un terremoto que ha asolado todo el territorio. Las imágenes en los noticiarios, las entrevistas por la radio, las publicaciones en internet dan cuenta de cuán grave ha sido este “movimiento” que sobrevino a nuestra nación. Son muchas las víctimas, son muchos los desamparados, los hambrientos, a oscuras, sedientos, y heridos; sin embargo, son aún muchos más los que se encuentran confundidos sin una explicación. Surgen tantas preguntas; aparecen tantas explicaciones. Nadie entiende a ciencia cierta qué fue lo que sucedió.

La catástrofe sobrevino en la más absoluta obscuridad; en la medida que el día resplandecía pudimos ser concientes de la magnitud de la catástrofe: ciudades “arrasadas”, pueblos abandonados, gente desaparecida, otros incomunicados. A pesar de lo desolador del panorama, el correr de las horas y los días han mostrado la peor cara de esta tragedia. Cientos de hombres y mujeres aprovecharon el caos, el desconcierto y la indefensión para saquear, destruir, ultrajar y violentar a sus mismos conciudadanos. Un reportero, al ver las imágenes dijo:

“Aquí vemos que existen dos clases de chilenos: los buenos y decentes, y los desalmados, del lumpen, los que no merecen llamarse chilenos…”.

Entiendo la impotencia de este periodista y todos aquellos que dicen: “¡Cómo puede haber gente así!”. A pesar de lo duro que parezca, en estas circunstancias la Palabra de Dios nos habla acerca de la realidad del corazón. Esta realidad trasciende la nacionalidad, la región, o la cultura. El corazón del hombre es igual en todos. La Biblia dice: «La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos» Salmo 36:1. Todos estos actos de “impiedad” demuestran claramente que no hay conocimiento de Dios en sus vidas, y por ende, tampoco hay amor, respecto, bondad, ni nada de lo que caracteriza a Dios.

Ante tal realidad, cada uno de nosotros debiésemos preguntarnos: “Si yo estuviese en esta situación ¿cómo reaccionaria?”. Aunque todo ha su alrededor está en el piso, el corazón de estos hombres sigue exactamente igual. Todo en su interior no se ha movido un ápice siquiera. En su interior, toda la maldad, el orgullo, la arrogancia, la falta de amor y rectitud ante Dios, se encuentran intactos. Están como rascacielos en una urbe cosmopolita.

Entonces, si su corazón no ha sido impactado, si sus vidas no han sido quebrantadas, si no han tenido un genuino arrepentimiento, ¡por qué debiesen actuar de otra forma!

El Salmo 36 continua diciendo: «Cree que merece alabanzas y no halla aborrecible su pecado. Sus palabras son inicuas y engañosas; ha perdido el buen juicio y la capacidad de hacer el bien. Aun en su lecho trama hacer el mal; se aferra a su mal camino y persiste en la maldad» vv. 2-4 NVI. Para Dios, todo pecado es igual; por esta razón aquello que ha nuestros ojos es tan abominable y descarado, es comparable a todas aquellas cosas que en lo cotidiano hacemos. Lo más trágico del terremoto está aún por verse, cuando pase el tiempo, cambien las noticias y el corazón continúe exactamente igual, sin percibir que aunque todo alrededor está por el suelo, la posición frente a Dios sigue siendo la misma: La arrogancia de pie y la altivez como estandarte.

El primer llamado que hacemos a toda la nación es este: «Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano. Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar, y de él recibirá misericordia» Isaías 55:6-8.

3 de febrero de 2010


Cristo: Profeta, Sacerdote y Rey

La obra redentora de Jesucristo tiene directa relación con las distinciones de los oficios que desempeñó. Cristo se desempeñó como: Profeta, Sacerdote y Rey.

El primer punto en común con estos tres oficios lo vemos relacionado en que tanto los profetas, los sacerdotes y los reyes fueron ungidos.

Cristo como Profeta:

Moisés predijo que un profeta como él mismo sería levantado. Deuteronomio 18:15. Más allá de todos los profetas que Dios levantó a lo largo del Antiguo Testamento, el cumplimiento final se le reconoce a Jesucristo. Hechos 3:22-24.

Las personas que vivieron junto a él le reconocieron en esa condición. Mateo 21:11,46.

Jesús mismo se declaró como profeta, quién vino ha realizar lo mismo que los demás profetas: anunciar el mensaje de Dios al hombre. Juan 4:44; Juan 17:8.

El material de Cristo como Profeta

Aunque mucho de Su material profético está esparcido a través de los Evangelios, hay tres pasajes resguardados para nosotros:

1.- El Sermón del Monte (Mateo 5-7): Predicado con relación al reino, este mensaje enfatiza principalmente en la preparación del reino. El sermón es un llamado al arrepentimiento para quienes habían separado el cambio interior, de los requisitos para establecer el reino.

2.- El mensaje de los Olivos el martes de Semana Santa (Mateo 24-25): Este mensaje detalla algunos eventos futuros conducentes al regreso de Cristo para establecer ese reino mesiánico, davídico y milenial.

3.- El mensaje a los discípulos en el aposento alto el jueves por la noche (Juan 13-16): La noche antes de Su crucifixión el Señor reveló brevemente varias cosas acerca de la nueva edad de la Iglesia que pronto sería inaugurada. El repitió estas cosas comprimidamente porque los discípulos todavía no podían entender lo que estaba ocurriendo. Juan 16:12.

¿Qué que Jesús sea un auténtico Profeta?

La ley ordenaba que los falsos profetas fueran apedreados. Deuteronomio 13:1-5, 10.

El ministerio profético de Jesús fue autentificado de dos maneras: por el cumplimiento de algunas de sus profecías y por los milagros que lo verificaron ante las personas de su tiempo como profeta. Lucas 7:11-16.

La prueba concluyente fue la detallada predicción de su propia muerte:

a) Él profetizó que alguien cercano le traicionaría. Mateo 26:21;

b) Que Su muerte sería incitada por los líderes judíos. Mateo 16:21;

c) Que moriría por medio de la crucifixión y que tres días después resucitaría. Mateo 20:19.

Cristo como Sacerdote

Mientras el profeta habla a los hombres de Dios, el sacerdote habla de los hombres a Dios. El hecho de pertenecer a la tribu de Judá descalificaba a Jesús para ser un sacerdote aarónico; por lo tanto, Dios determinó que el sacerdocio de Cristo proviniese de la orden de Melquisedec. Hebreos 5:1-10.

Los rasgos del sacerdocio de Melquisedec incluyen:

a) Era un sacerdocio real. Melquisedec era tanto un rey como un profeta, lo que no se conocía entre los sacerdotes aarónicos, pero fue profetizada para Cristo por el profeta Zacarías. Zacarías 6:13.

b) No se relacionaba con la ascendencia. Los sacerdotes aarónicos dependían de su ascendencia para poder ejercer. No fue el caso de Melquisedec, ni tampoco el de Jesús. Hebreos 7:1-3.

c) No se especifica su tiempo. No hay datos de su principio ni su final, para ser semejante a Jesús quien es sacerdote para siempre según su orden.

d) Era superior al orden aarónico. Abraham, de quién viene el orden aarónico, reconoció la superioridad de Melquisedec cuando le da los diezmos de lo que ganaron en la guerra. Génesis 14:20.

De la misma forma como Melquisedec le ofreció pan y vino a Abraham para confortarlo y sostenerlo después de la batalla, así Jesús como sacerdote refresca y sostiene a su pueblo. Hebreos 2:18; 4:16.

Cristo como Rey

El concepto de rey incluye muchos privilegios: tenía poderes legislativos, ejecutivos, judiciales, económicos y militares.

Cristo como Rey puede resumirse en cinco palabras: prometido, predicho, propuesto, rechazado, realizado.

a) Prometido: El pacto davídico prometía que el derecho a reinar para siempre permanecería en la dinastía de David. 1 Reyes 9:5.

b) Predicho: El profeta Isaías profetizó que un Niño establecería y reinaría sobre el trono de David. Isaías 9:7.

c) Propuesto: A través de Su ministerio terrenal el reinado davídico de Jesús fue propuesto a Israel. Juan 12:13-15.

d) Rechazado: Los fariseos, Herodes, Poncio Pilatos, gentiles y judíos le rechazaron decididamente en la crucifixión. Juan 1:11; Hechos 4:27-28.

e) Realizado: Aun cuando Cristo es Rey, no gobierna como tal. Esto está se espera en su segunda venida, realizándose el reino davídico. Mateo 25:31.

Así, llegará el día en que el SALMO 110 se cumplirá.

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